LA LUNA DE LA MADRE

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Meditación de Luna Llena

LA LUNA DE LA MADRE


Introducción

Bienvenidos a este nuevo encuentro, una reunión para fortalecer los lazos con Gaia y fluir en las energías planetarias, esta vez en esta primera Luna de Yule, la que se conoce como la Luna de la Madre, en esta acogedora y receptiva Luna vamos a poder retomar la memoria celular, que nos va a devolver imágenes de nuestro crecimiento en el seno materno y de nuestro posterior nacimiento. Vamos a recordar la cálida acogida, el recibimiento y la bienvenida a este mundo material, independientemente de cómo se haya producido en la realidad, vamos a poder reconstruir los lazos con la madre esencial y sentir que nuestra entrada en este mundo fue excepcional, plena de amor y gratitud, plena de todo aquello que un neonato precisa sentir, para conectar con la seguridad del nuevo hogar al que acaba de llegar.
Es posible que no sea así de idílica la entrada en este mundo para todos nosotros, pero si es posible revertir el recuerdo y reconstruirlo, desde la capacidad y la conciencia actual. Así si aún no tenemos hijos podremos advertir lo sagrado de dar vida a un ser y si los tenemos, podremos revivir cada momento de nuevo, no importa que seamos hombre o mujer, el instinto maternal habita en todo ser humano y no existe hoy humano que no haya nacido de un útero materno, eso lo compartimos todos. Durante esta Luna Llena de la Maternidad, del saber lo que es amar, de entregar tu cuerpo a la creación de más vida, podremos sentirnos acogidos en esta dimensión, así como parte integrante de otros muchos planos de conciencia, esos en los que el propio bebé sentía habitar durante la gestación y en el tiempo anterior a su concepción.
Para ser madre no es necesario concebir, gestar y parir, se puede ser madre por esencia, madre por adopción, madre por acogimiento y madre porque es lo mejor que uno sabe hacer. La relación madre e hijo o hija, siempre está vinculada a la relación madre – padre, ello es indisoluble, de ahí que la presencia paternal sea indiscutible y esencial, para que la trinidad formada por los progenitores y el hijo, sea armónica, amorosa y diáfana, clara de luz y con el esplendor necesario para sentir el vínculo familiar. Los hijos que nacen del amor y el placer son hijos sanos, los que nacen del apego y la posesión, son hijos que siguen acarreando las cargas de los padres e incluso abuelos y bisabuelos. Aprovechemos este momento para reconstruir cualquier distorsión, dotemos a nuestro nacimiento de todo el amor que podamos hoy entregar a aquel espacio-tiempo y permitámonos reconquistar con nuevos fundamentos, el mundo material, esto no sólo nos hará más serenos, sino también más ricos.
Bienvenidos a la Luna de la Madre, bienvenidos a nuestro renacimiento!!!

(pausa)


Comenzamos…
Nos colocamos en nuestro espacio sagrado…
Cerramos los ojos…
Relajamos el cuerpo, comenzando por las extremidades, tronco y cabeza…
Respiramos profundamente… tomando conciencia del viaje interior que vamos a iniciar…
Nos conectamos con nuestro ritmo de respiración… y nos armonizamos con él… sintiendo como con cada inspiración el aire penetra en todas nuestras células…
Y con cada exhalación liberamos toda la energía estancada de nuestro cuerpo…
Nos tomamos nuestro tiempo, respirando rítmicamente…

(pequeña pausa)

Nos sentimos conciencia, pura energía y fuerza, sentimos un vaivén vibracional que nos conmueve y también nos provoca calma y paz. Sentimos el presente absoluto, ese espacio en el que habita nuestra gran alma, ese espacio íntimo, único e individual, donde estamos a solas con nosotros mismos, en sintonía con nuestro Ser. Nos permitimos sentir ese instante que nos aporta algo vital, la conexión profunda de nuestra alma con el espíritu. Respiramos pura conciencia, pura energía, pura vida latiendo, sin más.

(pequeña pausa)

El vaivén vibracional se acelera, nos parece captar una intensa luz, sentimos como nos atrae acudir a su encuentro, sentimos pura vida latiendo. Nuestra alma desea encarnar, desea regresar a la vida material, está preparada para ello, para habitar en el plano terrenal. Sentimos como el vaivén se convierte en un ritmo constante, que nos acerca más y más a esa intención, a ese impulso hacia lo exterior. Sentimos salir de nosotros mismos, como si una fuerza mayor irrefrenable nos empujara en una única dirección, advertimos que es la voluntad de nuestro espíritu y por ello nos sentimos seguros, aliviados, motivados, llenos de amor por el movimiento y la acción que ha surgido de nuestro interior.
Nos alineamos con el latido, con ese ritmo constante, con esa vibración…

(pequeña pausa)

Sentimos haber alcanzado la luz, se trata de una luz brillante, suave, acogedora, una luz que emite música, que tararea una canción de cuna, que sabe cómo llamar nuestra atención. Se trata de nuestra madre terrenal, la observamos, distinguimos su propio latido y como ese ritmo se sintoniza con el nuestro y a su vez con el que emana del propio planeta, de la misma madre tierra. Ambas madres se confunden en una, ambas cantan la canción de cuna más bella que jamás hayamos escuchado. Ambas sienten amor verdadero y desde ese punto de encuentro, nos llaman. Penetramos en la cálida luz, nos dejamos acunar por la melodía que surge de su Ser. Sentimos el flujo de conciencia, de amor y de vida que se está creando y sentimos como somos partícipes de él.

(pequeña pausa)

Todo está preparado para el mismo instante de nuestra concepción. Acunados en el aura de nuestra madre, nos sentimos preparados para cruzar a otra dimensión, sentimos como una nueva luz nos rodea, nos hace vibrar de placer, nos conecta con la más hermosa fuente de vida que podamos imaginar, sentimos el vibrar de los átomos y como la pasión se desencadena, como el amor entre nuestros progenitores se expresa, no sólo en cuerpo sino también en alma, para que también yo lo sienta. Es la forma que ellos tienen de decirme que me quieren y que quieren conocerme, que quieren que llegue a su mundo y tome cuerpo, para que ambos puedan abrazarme, amarme, gozarme. Siento tan poderoso su amor, que no tengo otra intención que encarnar unido a ese único corazón. Yo también los amo, los necesito, los siento. Una vibración que nos desborda a todos los sentidos me hace saber que el instante de la concepción ha llegado. De repente algo se acelera tan rápido que me parece perder el sentido, incluso experimento un vacio, un espacio en el que no puedo decir qué ha ocurrido. En cambio me siento más lleno y amado que nunca. Siento ser uno con mis padres, siento el vínculo que nos une, siento el latido de un corazón que toma vida. Es el mío.

(pausa)

Estoy sumergido, en un océano silencioso de luz y sonido. Siento el vaivén de las olas, me siento pez. Si quiero puedo chapotear, puedo saltar y bucear, puedo ser delfín y en manada cruzar de punta a punta todo ese mar. Buceo y salto como un delfín, mientras conecto con los reinos de este planeta que me acoge en su seno. Sin darme cuenta las olas me han llevado hasta la orilla, por primera vez veo tierra firme, decido salir del agua, tengo patas de tortuga, a ras de suelo me dirijo al interior de esa tierra en la que he aparecido, camino y conforme más pasos doy, más siento elevarme del suelo, para ahora ser un hermoso felino, me siento poderoso y atractivo, me siento que puedo trepar los árboles del camino, lo hago y al hacerlo me siento pájaro. Emprendo el vuelo, surco el cielo, oteo el paisaje desde lo más alto. Siento mi alma volar libre, siento el alimento que esta tierra en la que estoy creando cuerpo me puede dar. Siento puro agradecimiento. Me siento afortunado por haber llegado y tener la oportunidad de encarnar. Tomo consciencia de la belleza del mundo terrenal, de la fortuna de saberse acogido por la madre naturaleza. Siento la conexión con los árboles, con los ríos y los manantiales, siento la conexión con todo lo que existe, me lleno de gozo y desde este sentimiento, agradezco.

(pausa)

Siento mi cuerpo completo, siento que ha llegado el momento de salir del útero materno, de sentir a mi madre y a mi padre, de mirarles a los ojos y sonreírles. Estoy preparado. Estoy dispuesto a emprender una vida en este cuerpo. Estoy deseando tocar con mis manos, oler a mi madre, saborear el primer alimento, escuchar su tierna voz. Tengo dispuestos todos mis sentidos, siento el deseo de crecer en esta tierra que me acoge y que me va a dar nombre. Aquí por donde caminaré, experimentaré, reiré y lloraré, pero a la que nunca jamás rechazaré, por más impedimentos que la experiencia me pueda traer, pues soy consciente de que llego a una escuela, una preciosa escuela de la vida, en la que tengo mucho que aprender.

(pequeña pausa)

Un torbellino de energía me atrapa, es como si el mar se hubiera agitado y las olas de nuevo me arrastraran hasta la orilla, no veo nada, dejo que los impulsos me conduzcan hasta la salida. Siento la fuerza de una poderosa energía, escucho a mi madre respirar, siento como mi cuerpo se quiere separar del suyo, ha llegado el momento, no hay marcha atrás. Me siento cruzar un túnel estrecho y oscuro, siento entrar en un caos que no sé cuánto va a durar. Confío en la vida, confía en la naturaleza, en los recursos, confío y permito que la vida actúe, no opongo resistencia. De repente escucho la voz de él, de mi padre, siento muy poderosa su presencia. La está acompañando. Ellos están juntos, me esperan. Siento un último impulso y salgo. Salgo, estoy fuera, mi madre acuclillada me recoge en sus brazos. Llora. Lloro. Nos miramos a los ojos, nos reconocemos. Veo el rostro de mi padre, él también llora. Lloro. Nos reconocemos. Me siento acunado. Siento la voz, el olor, el tacto. Sonrío. Sonreímos. Nos quedamos sintiendo este intenso momento de puras almas latiendo al unísono.

(pausa)

Mi padre se ha encargado de cortar el cordón umbilical. Aunque me he separado definitivamente del cuerpo de mi madre, me siento más unido que nunca a su corazón. Lo mismo me ocurre con mi padre. Me entrego a este sagrado momento de profunda conexión. Es como si se detuviera el tiempo, como si solamente hubiera espacio para que fluya el amor. Me siento succionando la leche del pecho y como un verdadero arrullo me envuelve y protege. Siento el más grande agradecimiento. Me siento amado, feliz, eterno. El recibimiento en este mundo ha sido espléndido. Ahora sé que es mi responsabilidad tomar las riendas de mi vida conforme voy creciendo y que es mi misión ir más allá del nido familiar, sin jamás perder ni dejar de agradecer la oportunidad que tengo. Es mi obligación ser feliz y compartir lo que tengo para dar, sin por ello dejar de recibir. Es mi responsabilidad levantarme cuando me caiga y volver a comenzar, tantas veces como sean necesarias, sin abandonar. Estoy aquí para aprender eso y mucho más. Estoy aquí para experimentar. Sé que no todo lo que me ocurra me gustará, pero al final el tiempo hablará y me explicará todo lo que aprendí, mostrándome un espejo en el que me podré reflejar y entonces saber mucho más de mí y de cómo me construí, gracias a los problemas, sucesos, imprevistos, impedimentos… gracias a lo que supe superar. Con conciencia de todo ello, me entrego y acepto al plan que estoy por ejecutar.

(pausa)

Desde este presente, observo la hermosa escena que protagonizo con mis padres. Me acerco a ellos y desde mi adultez les agradezco todo lo que juntos los tres hemos vivido. Les explico que soy quien soy gracias a ellos y a las experiencias vividas. Nuestra madre nos entrega el bebé. Nos da al niño, a nosotros mismos para que lo acunemos en nuestro seno y sintamos lo que ella también siente cuando nos tiene en nuestros brazos. Lo hacemos. Nos cogemos. Nos mecemos. Nos cantamos al oído. Nos decimos las grandes cosas que viviremos y aquellas dificultades por las que pasaremos. Nos mostramos a nosotros mismos como nos hemos creado a lo largo del tiempo. Deseamos que ese niño pequeño crezca con seguridad, sabiéndose amado por sus padres y por nosotros mismos. Nos quedamos con el bebé en los brazos, mirándonos a los ojos, atravesando la línea de tiempo que nos separa, uniéndonos en los recuerdos, pues él estuvo siempre con nosotros desde el principio, hemos crecido juntos, sabe todo de nosotros, es el más antiguo ser que habita en nosotros. Nos quedamos sonriéndonos. Sintiéndonos. Amándonos.

(pausa)

Es el momento de regresar, sin abandonar la conexión con nuestro niño interior y tras haber realizado este hermoso renacimiento, comenzamos a tomar conciencia de nuestro cuerpo. Mantenemos la sonrisa del agradecimiento, mientras la música nos acompaña para tomar consciencia de nuestra actual cuerpo.
Poco a poco, regresamos, integrados en la nueva vibración y conectados profundamente a Gaia, lentamente, a nuestro ritmo…
Sentimos las extremidades…El tronco y la cabeza…
Y poco apoco vamos abriendo los ojos…
Bienvenidos a la vida consciente y a la vida presente!!!


Texto y narración a cargo de Núria Gómez y Karme Millán

TEMPLE INANNA
www.templeinanna.blogspot.com

MEDITACIÓN DE YULE



Meditación de Bienvenida al Invierno

YULE


Introducción
Bienvenidos a este nuevo encuentro, una reunión para fortalecer los lazos con Gaia y fluir en las energías planetarias, esta vez en Yule, el Invierno. Es tiempo de profunda introspección, es el momento mágico de hacer revisión, volver la vista atrás y valorar, reconocer, agradecer cada paso dado, cada oportunidad, cada día caminado, cada decisión tomada, cada experiencia superada, pero también es muy importante conectarnos con aquello que ha quedado falto de luz, aquellas emociones que no han surgido del amor, ahí subyace nuestra oscuridad, esa que durante el invierno será importante gestionar, pues es el momento de mirarla de frente, reconocerla, transformarla y continuar. Sin este ejercicio no es posible iniciar la primavera, renacidos. Es la oportunidad de hacer esas revisiones que nos ayudaran a tomar consciencia de nosotros mismos, en nuestra dualidad, pues solamente mirando a ambas podremos trascenderla y alcanzar el estado del Observador, desde el que nacerá una nueva versión de nosotros mismos, tal cual nosotros seamos capaces de crear y para ello tendremos que transformar, identificando lo que no tiene que acompañarnos en la siguiente andadura. Sabemos que todo es un ciclo en sinuoso movimiento que nos acompaña, igual que lo hacen los astros, los planetas y las estrellas. Sabemos que calando profundo en ese ritmo, estaremos en resonancia con el propio Universo y que desde esa energía sincrónica, todo es posible, no hay nada que quede fuera o separado de la unidad universal.
Entremos a la Cueva, a ese lugar íntimo, a ese espacio único en el que volvernos a engendrar. Recordemos la Semilla del Árbol de la Vida y desde la introspección, alimentemos esa semilla de la que nacerá un poderoso sol interior dispuesto a recorrer una nueva etapa del camino que le queda por hacer.
Respiremos profundamente en el interior de la Cueva, sintamos el pálpito que se está gestando.

Bienvenidos a Yule!!!

(pausa)


Comenzamos…

Nos colocamos en nuestro espacio sagrado…
Cerramos los ojos…
Relajamos el cuerpo, comenzando por las extremidades, tronco y cabeza…
Respiramos profundamente… tomando conciencia del viaje interior que vamos a iniciar…
Nos conectamos con nuestro ritmo de respiración… y nos armonizamos con él… sintiendo como con cada inspiración el aire invernal penetra en todas nuestras células…
Y con cada exhalación liberamos toda la energía estancada de nuestro cuerpo…
Nos tomamos nuestro tiempo, respirando rítmicamente…

(pequeña pausa)

El día es frío, el cielo está tapado, parece que amenaza lluvia. Vamos caminando por un sendero estrecho que rodea la ladera de una montaña sagrada. Es la montaña más hermosa que nunca antes hubiéramos visto. Se trata de la Gran Montaña, una espectacular formación que aún hecha de tierra y fuego, por ella discurre el agua y se respira el aire más puro que existe en toda la galaxia. Si miramos a la Cumbre, nos parece imposible poder alcanzarla, así nos limitamos en hacer el recorrido que consideremos necesario. Caminamos admirando el entorno. Avanzamos percibiendo la belleza de la madre naturaleza. Seguimos ascendiendo escuchando el sonido de aves y otros muchos animales, incluso oímos el silbido del viento, que a esa altura parece hacerse más presente que nunca.
Cada vez estamos más altos. Podemos observar desde los acantilados, la distancia entre el punto de partida y el que nos encontramos. Casi sin advertirlo hemos subido disfrutando del paisaje que nos envuelve, como algo propio de nosotros mismos. La vegetación cambia durante el avance, incluso la fauna salvaje, así como nuestra propia visión y perspectiva, pues cuando miramos desde lo más alto, lo vemos todo distinto.
Nos acercamos a un extremo saliente de tierra, desde el que vamos a percibir la altura hasta la base. Nos quedamos al filo del acantilado, no existe el miedo no existe nada que nos impida gozar de este momento. Somos seres libres caminando y reconociendo al Ser que representa todo lo que somos y a todos los elementos.
Respiramos profundamente mientras miramos abajo y nos llenamos de cada experiencia terrenal. Respiramos profundamente y miramos arriba, mientras nos llenamos de cada abrazo espiritual con la propia vida. Agradecemos.

(pausa)

Plenos de Cielo y de Tierra seguimos ascendiendo por la Gran Montaña Sagrada que representa nuestro propio Ser, ese por el que podemos transitar y llenarnos de verdad, ahí donde nos hacemos conscientes de nosotros mismos y quien nos muestra lo que somos más allá de los límites que nos ponemos. De repente escuchamos el aleteo de una hermosa y gigantesca ave. Se trata de un águila imperial. Nos hace una clara exhibición de su vuelo, nos quedamos disfrutando del ejercicio que nos muestra. Es impresionante verla desde tan cerca, incluso escuchar como rompe el aire cuando vuela. Nos está mirando, de frente, directamente a los ojos. La miramos, de frente, sin pestañear. Vuela a nuestro encuentro. Vuela hacia nosotros. Su magnetismo nos atrapa hasta tal punto que al segundo estamos volando con ella. Somos ella, somos el águila, somos la visión de nosotros mismos, más elevada. Somos quien tiene la capacidad de subir a la Cumbre más alta y saber que desde ahí existe un nuevo panorama que nos hace entender cualquier sentimiento que en vez de unir nos separa.
Volamos con alas de águila, volteamos, nos tiramos en picado, nos posamos en las rocas más escarpadas, sobrevolamos todos los escenarios del pasado y enamorados de la perfección de la vida, regresamos con la conciencia unida.

(pausa)

Nuestras alas de águila nos han llevado muy cerca de la Cumbre de la Gran Montaña, pero aún queda mucho por descubrir. Seguimos caminando por ese sendero sinuoso, serpenteante, llenándonos de la sabiduría de lo que es vivir. Las nubes del Cielo cada vez son más densas, comienzan a llover agua nieve, el frío a esta altura es penetrante. Poco a poco somos testigos de cómo aparecen copos más densos que comienzan a alfombrar el suelo de blanco. El espectáculo es especial, caminamos en busca de refugio antes de que la nieve oculte el sendero totalmente. Desde donde nos hallamos podemos descubrir que a pocos pasos hay un enorme hueco en la ladera. Nos dirigimos hacia allí. Es un hueco oscuro que penetra a no se sabe dónde. Nos refugiamos en la entrada, cubiertos por el techo de roca en forma de puerta. Al mirarlo descubrimos que brillan pequeñas formaciones cristalinas, que nos invitan a que entremos y descubramos lo que en el interior habita.
Mientras en el exterior nieva, nosotros nos sentimos a buen recaudo dentro de la Cueva. Vamos penetrando poco a poco. Al tocar con las manos sus paredes, vemos como estas están repletas de cristales. Parecen cuarzos, en algunas zonas de color anaranjado, en otras más verdes y azulados y en otras más violáceos. Conforme más adentro entras, más cristales encuentras, hasta que sin luz natural, nos damos cuenta que podemos ver en plena oscuridad. En ese silencio interior permanecemos. Nos quedamos imbuidos del misterio que allí tenemos. En el centro de nuestra Cueva, en forma de preciosa geoda nos quedamos respirándonos, sintiéndonos, amándonos, agradecidos y bendecidos por todo lo que somos.

(pausa)
Desde ese punto sincero de conexión con el corazón, sentimos todos los sentidos expandidos y nuestra alma ocupando el interior de la Cueva. Un profundo latido se hace cada vez que respiramos, más claro, más presente, más sonoro. Nos conectamos a su ritmo, pues es solamente desde ahí, desde donde podremos realizar esa revisión y mirada atrás…
La hacemos…
Dejamos que la memoria nos desvele diferentes momentos…
Todos los momentos… los que nos gustan y los no tan buenos…
Todos…
No olvidemos… Aquí no hay juicio, sólo verdad que desvelar…
Revisamos…
Sentimos el pasado, lo más lejano y lo más cercano. Buscamos si existe algo en nuestro interior que no consideremos resuelto…
Cuando aparezca, nos quedamos creando la solución…

(pequeña pausa)

Visualizamos esa solución que hemos creado desde el corazón. La sentimos vívida, propia, nuestra, real. Sentimos como no hay nada que no se pueda solucionar. Sentimos nuestra responsabilidad y desde ahí resolvemos. Lo hacemos por amor a nosotros y a todos los implicados, pues sabemos que nuestras reacciones y actos tienen consecuencia en el entorno, no somos seres aislados, sino seres unidos por una red invisible que teje un vínculo indestructible entre toda la familia planetaria. Somos parte de esa gran alma planetaria. Somos parte de su cuerpo, de su mirada, de su andadura a través del tiempo. Nos sentimos fortalecidos por los lazos que nos unen a ese todo y desde la individualidad manifiesta en nuestra Cueva, nos reconocemos y reconocemos al Todo.

(pausa)

Somos conscientes que somos creadores de nuestra realidad y que desde la verdad y sinceridad de quienes somos en luz y oscuridad, podemos transformar para continuar caminando, conscientes de nuestra Cumbre, de nuestra visión y de nuestra Cueva interior.
Salimos de nuevo al exterior. Ha dejado de nevar. Ha salido el Sol. Un manto blanco recubre todo el paisaje. El Sol calienta con su poder para que tras el crudo invierno, podamos renacer en la próxima primavera.
Iniciamos el descenso. Bajamos por el sendero de la Gran Montaña hasta el valle. El recorrido es largo pero necesario. Sentimos el poder de la montaña. Sentimos ser parte de sus entrañas. Regresamos… caminamos por el valle mientras advertimos que el poder del Sol ha derretido la nieve y por la ladera se desliza el agua, que ahora licuada crea riachuelos que se unen y separan, haciendo todos diferentes caminos, pero confluyendo al final en el mismo río. Nos acercamos a la orilla de este caudaloso río, sabiendo que tiene su desembocadura en el océano, allí donde los navegantes buscan puerto en el que atracar. Nosotros ya lo hemos hecho.

(pausa)

Poco a poco, es el momento de comenzar a  tomar conciencia de nuestro cuerpo…
Integrados en la nueva vibración y conectados profundamente a Gaia, ya podemos de regresar, lentamente, a nuestro ritmo…
Sentimos las extremidades…El tronco y la cabeza…
Y poco apoco vamos abriendo los ojos…

Bienvenidos a la vida consciente y a la vida presente!!!

Texto y narración a cargo de Núria Gómez y Karme Millán

TEMPLE INANNA
www.templeinanna.blogspot.com

LA LUNA DEL AMANECER

Resultado de imagen de amanecer con luna llena


Meditación de Luna Llena

LA LUNA DEL AMANECER

Introducción

Bienvenidos a este nuevo encuentro, una reunión para fortalecer los lazos con Gaia y fluir en las energías planetarias, esta vez en esta preciosa e inquieta Luna, la Luna del Amanecer. Se trata de un momento de introspección importante, ahora las noches son largas y frías, es importante comunicarnos con nuestro entorno y organizar nuestro día a día, pero es mucho más importante, comunicarnos con nosotros mismos, con todo aquello que habita en nuestro interior en un acto de autoconsciencia.
La comunicación dentro –fuera, es esencial, pero también lo es la comunicación abajo-arriba, es decir entre lo material de nuestro Ser y lo espiritual. Ello nos facilitará la conexión con lo más elevado de nosotros y eso hará que todo aquello que todavía no hemos descubierto, se convierta en un motivo para introducirnos en lugares remotos, obteniendo conocimientos que van a servirnos para aplicarlos en nuestro día a día. En esa cotidianidad, vamos a poder introducir nuevas ideas, vamos a poder disponer de nuevos factores, vamos a poder vislumbrar nuevas formas de vivir, vamos a poder experimentar utilizando esa inquietud interior, que amanece durante las largas noches, para movilizarnos a conocer más.

Esta es la unión entre la Luna en el signo de Géminis y el Sol, situado en el Signo de Sagitario. La actividad mental, nos despierta y con ello nuestros intereses de crecer, conocer, saber, explorar, viajar, etc… Cuando viajemos, hagámoslo guiándonos por las indicaciones de nuestro espíritu, él nos dará los mensajes oportunos que bajaremos a la tierra y compartiremos con todos, pues Géminis además de ser un gran comunicador, es un excelente mensajero entre el Cielo y la Tierra, siempre está disponible para transcribir aquello que los dioses nos quieren decir. Él habla con ellos, lo hace desde hace milenios, no le representa nada extraño, por lo que acudir a recibir enseñanzas en otros planos, es habitual, solamente de este modo, obtiene la facilidad para escuchar y construir el mensaje que nos desvelará. Nunca es para él, siempre es para compartirlo con todos. Amanezcamos con los mensajes que los dioses quieren traernos.

Bienvenidos a la Luna del Amanecer!!!


(pausa)

Comenzamos…
Nos colocamos en nuestro espacio sagrado…
Cerramos los ojos…
Relajamos el cuerpo, comenzando por las extremidades, tronco y cabeza…
Respiramos profundamente… tomando conciencia del viaje interior que vamos a iniciar…
Nos conectamos con nuestro ritmo de respiración… y nos armonizamos con él… sintiendo como con cada inspiración el aire penetra en todas nuestras células…
Y con cada exhalación liberamos toda la energía estancada de nuestro cuerpo…
Nos tomamos nuestro tiempo, respirando rítmicamente…

(pequeña pausa)

Visualizamos como un haz de poderosa luz penetra en la tierra descendiendo desde nuestro chakra corazón. El haz recorre todas las capas del interior, hasta que toca el mismo centro… es entonces cuando un flujo amoroso y maternal, asciende por todo nuestro cuerpo, provocando que nos sintamos abrazados y comunicados con la misma Madre Tierra…
Envueltos en este amoroso abrazo, continuamos respirando rítmicamente. Ahora nuestro latido se está armonizando con el latido del planeta…
Respiramos al tiempo que unimos nuestros corazones, convirtiéndolos en un único latido…
El flujo de la Madre Tierra nos envuelve, transportándonos a cualquier rincón de todos los que ella contiene… sentimos habitar en un hermoso templo, huele a loto y a incienso…

(pausa)

Nuestros pies descalzos pisan un delicado suelo de piedra arcaica. Nos damos cuenta que estamos caminando por el mismo lugar que lo hicieron nuestros ancestros, quienes también caminaron por el suelo que pisaron los dioses y las diosas de los mitos y las leyendas de aquellas épocas. Mientras paseamos por este enclave de silencio y paz, observamos el entorno. Las paredes del templo, explican con escenas hermosos momentos de la vida cotidiana de la sociedad arcana. Son imágenes de hombres y mujeres labrando la tierra, mugiendo el ganado, esculpiendo la roca, cocinando lo cazado… si colocamos nuestra mano sobre las imágenes, podremos percibir el movimiento y como el aliento de los dioses de los panteones, estaba presente en aquellos momentos. Eran dioses que contribuían en los recursos y en la subsistencia del día a día, dioses menores que conocían las necesidades de los seres humanos y aliados con ellos, les garantizaban que jamás carecerían de nada.
Conforme avanzamos por las escenas dibujadas en las paredes del templo, descubrimos que los dibujos están acompañados por pequeños textos, palabras del ayer que hoy nos hacen vibrar al escucharlas. Nos detenemos en uno de ellos y con gran interés recibimos el primero de los mensajes del ayer:

Convivimos con vosotros
Podéis sentirnos todos los días de vuestra vida.
Muchos, nos negáis, nos creéis ausentes.
Os diré que no es cierto,
que jamás nos alejamos ni un solo momento,
que amando cada uno de vuestros pasos en nuestros templos,
nos hacéis presentes, latentes, imperturbables por el tiempo.
Quien niega nuestra existencia,
es el alma infranqueable de espíritu y poseída por la materia.
Camina por este suelo y nos verás amanecer
en el mismo templo que nos vió nacer.


(pausa)

Nos sentimos gratamente comunicados con el espíritu, tanto es así que nos abrazamos, sintiendo el amor que nos invade con su halo, respirando la unidad, permitiendo que nuestras células recuerden la conexión con los templos del más allá.
Continuamos explorando el templo, nos adentramos por un pasillo largo y angosto, oscuro, tanto que si no sientes poderosa tu fe, podrá atraparte el miedo a lo desconocido. Respiramos la confianza que nos aporta este lugar de culto espiritual y con la fe necesaria en nuestro corazón alcanzamos un altar de piedra que aparece al final del corredor. Alguien se acerca con unas antorchas encendidas y nos alumbra, distinguimos restos de ofrendas que antaño se hicieron en esa mesa. Sentimos la energía de las necesidades del día a día de millones de seres humanos que crecían como sabían. Sentimos el valor de la conciencia colectiva, su tesón, sus deseos de ser más maduro y mejor. Nos sentimos agradecidos por todo lo que ellos alcanzaron a sobrevivir en un mundo hostil. Sentimos amor por cada persona que mantuvo viva la conexión con dios. No nos importa si lo hizo bien, si se equivocó, si aquello hubiera podido ser mejor, nos importa que mantuvo viva la devoción y que nosotros hoy disponemos de una gran riqueza de corazón, que nos hace fuertes de alma y espíritu.
Ante el altar, agradecemos a nuestros ancestros cada mirada que mantuvieron viva hacia el cielo y hace que hoy sintamos viva la conexión.

Gracias por dármelo todo,
gracias por quitármelo todo.
Pues gracias a ello,
hoy siento que no soy ni lo que tengo,
ni lo que no tengo.
Soy mucho más que eso,
soy quien cuando le da la mano al Cielo,
vive en amor eterno,
gracias a Dios y a mis ancestros.


(pausa)

Tras haber realizado este acto de agradecimiento, seguimos explorando el templo, abiertos a recibir y también a dar lo que llevamos dentro. A pocos pasos del altar, aparecer un hueco, se trata de una entrada a algún lugar. Entramos, unos escalones nos obligan a bajar, no sabemos a dónde nos conducen. Nos alumbramos con la antorcha, no podemos ver el final. Seguimos bajando, descendiendo hacia algún lugar dentro del templo que aún resta por explorar. Finalmente alcanzamos una amplia estancia, usamos la antorcha para iluminarla. Es espectacular, se trata de una biblioteca. Sus estantes están llenos de rollos de papiro, de pergaminos, de tablillas de arcilla escritas en idiomas desconocidos. En algún lateral, incluso hay pieles con mensajes dibujados con sangre. Nos adentramos entre los millares de textos que la humanidad ha dejado en esta biblioteca del Gran Templo. Con nuestras manos deseosas de dar sincero reconocimiento, acariciamos los pergaminos, sentimos los textos encerrados en miles de papiros, abrazamos las horas que los escribas dedicaron a dejar en las bibliotecas la historia de nuestro planeta.

En el mismo centro de la estancia, encontramos una mesa antigua, de madera labrada. Decidimos sentarnos en ella y al hacerlo, nos damos cuenta que hay una hoja en blanco y al lado un cálamo, también disponemos de tinta, lo tenemos todo para escribir aquello que nos brote de nuestro interior, aquello que algún dios o diosa quiere que nos llevamos en el corazón.
Sin dudarlo, cogemos el cálamo y cargándolo de tinta, nos disponemos a escribir lo que brota de nuestro interior, y dice así:

Mis pasos se hundían en aquella arena
dejando mis huellas clavadas
para que alguien las encontrara.
Me dirigía a paso firme,
al lugar que aclamaba mi alma,
para que tras cruzar aquella puerta
mi ser recordara…
Crucé, paso tras paso,
aquel desierto dorado,
por el que únicamente transitábamos
mi alma y mis pies.
Mientras caminábamos,
unos sordos latidos,
podían escucharse por doquier,
algo estaba a punto de nacer.
Alcé el rostro,
el sol cegaba mi tez,
entonces la ví,
La Tienda Roja,
apareció ante mí.
No fue un espejismo,
fue como un oasis perdido,
donde abrazar todo el amor
que mi alma a la vida le entregó.
El latido se acentuó,
mis pasos se reafirmaron en el camino,
y yo palpitando,
miré de frente al astro
quien con un guiño me dijo:
hazlo,
descubre quien ha aguardado tanto tu presencia,
recuerda a la mujer sabia
que quedó oculta mientras…
tú lacerabas el alma
perdida y desorientada,
olvidadiza de todas tus bellas armas,
las que como mujer,
conseguiste vencer.
Entra y cúbrete de tu propia esencia.

Y así lo hice.

Me dirigí a la puerta
de la sencilla tienda de lona roja,
y entré.
La oscuridad y el silencio
fue todo lo que vi.
Silencio. Sentí.
Y ahí, en ese espacio sin credos
me permití vivir.
Los flujos de aromas y ungüentos,
los aires de loto e incienso,
se apoderaron entonces de mí.
Palpé, con manos certeras,
sanando heridas lacerantes,
de úteros anhelantes
de no más dolor.
Canté, alzando al cielo la voz,
recomponiendo las roturas de mi corazón.
Pedazo a pedazo,
tras versos y odas,
que fueron disolviendo
los duros recuerdos,
de los miles de abortos
y de los hijos muertos,
bailé.
Y lo hice con todos mis cuerpos,
con esos sensuales movimientos,
que fluyen de mi más arcana imagen de mujer.
Aquella que fue hecha con manos y barro
con pechos grandes y flácidos,
con caderas anchas para parir,
los miles de hijos que consiguieron vivir.
Si, hoy en la Tienda Roja,
puedo abrazar la belleza de todo lo que fui,
para levantarme tal que una sabia abuela,
que con cada arruga y cada pena,
hoy puede decir
que su magia es eterna
y que llegaron los tiempos de vivir
todo aquello que no me permití.
Ssshhhh
Escucho llegar a alguien,
siento una nueva presencia.
-         Encontré tus huellas – me dice alguien.
¿Quién eres? – le pregunto ignorante.
Soy yo, la Diosa interior.

  
(pausa)

Tras hacernos conscientes del texto recibido, lo enrollamos como un papiro y lo dejamos en uno de los estantes, así cuando alguien encuentre la biblioteca del templo, podrá elegir leer los textos que allí se dejan almacenados para sentir el corazón de los humanos.
Regresamos por las escaleras hacia el altar principal. Sentimos la armónica voz de la diosa que nos ha venido a hablar. La sentimos tan cercana que jamás nos podremos olvidar de su halo, su presencia, su grata apariencia, su mensaje, su aroma y su esencia. Así, acompañados por la energía de la diosa, recorremos de nuevo el pasillo de regreso a la entrada del Gran Templo. Entre las columnas que sustentan el elevado techo, podemos descubrir un jardín de ensueño. Nos apetece pasear por él, descendemos los cinco escalones que bajan hasta la explanada, respiramos el olor a tierra, el aroma de flores, observamos la infinidad de árboles y el sonido de las fuentes, cuando de repente descubrimos un precioso cenador. Es noche de plenilunio. La dulce luz de la blanca es toda nuestra compañía. Tomamos asiento en una de las piedras del cenador y desde ese espectacular lugar, observamos el horizonte, allí donde el Cielo y la Tierra se unen.

Poco a poco, lentamente la luz del día aparece, es el Sol quien por el horizonte se hace presente. Amanece, y al hacerlo podemos sentir que ha sido una intensa noche, en la que la comunicación con el espíritu se ha hecho tangible.

Sentimos como el Cielo y la Tierra se funden en una balada sin nombre, donde sólo se escucha la música y el baile que ambos protagonizan.

(pausa con música de baile espiritual)

Sin desconectarnos del baile en el horizonte y de cómo el Cielo y la Tierra son uno, regresamos…
Poco a poco, lentamente…
Es el momento de comenzar a  tomar conciencia de nuestro cuerpo…
Integrados en la nueva vibración y conectados profundamente a Gaia, ya podemos de regresar, lentamente, a nuestro ritmo…
Sentimos las extremidades…El tronco y la cabeza…
Y poco apoco vamos abriendo los ojos…
Bienvenidos a la vida consciente y a la vida presente!!!


Texto y narración a cargo de Núria Gómez y Karme Millán



TEMPLE INANNA
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